miércoles, diciembre 08, 2010

Observaciones en viaje

Fue durante un recorrido diurno, entre Talcahuano y Santiago, cuando no queda otra que mirar por la ventana y esperar que las 7 horas de viaje se desvanezcan inapelablemente. Cuando se diría que no hay diferencia con un viaje en micro de esos que ocurren todos los días salvo en la duración del recorrido, resulta que una muralla separa ambos viajes haciéndolos sumamente inmiscibles.

Durante una hora en micro un centenar de personas se muestran estresadamente caminando por doquier, generalmente los que se desplazan solos. El contraste es interesante cuando uno ve dos personas caminando, pues siempre hay sonrisas, difícil saber si son de utilidad o reales, pero sonríen mucho en comparación al tipo que va solo por la calle o en su auto. Las formas habituales son letreros, edificios, postes, semáforos, otros vehículos, cables, mucho ruido además. Un ir y venir infinito hasta por lo menos las 9 pm. Viajar más de esa hora es bien distinto, pues poco se ve en la calle con la poca luz.

Dada la naturaleza de Chile, el viaje largo de 7 horas es una reconciliación con la naturaleza. Cierto que separa una ventana y el movimiento casi constante a 100 km/h del bus, pero por esa vitrina móvil se presentan estáticos y relajados árboles, vacas, caballos, montes y montañas. Los ríos avanzan movidos por la inclinación natural mientras las piedras se asoman como queriendo liberarse del baño eterno, ese baño que las corroe lentamente haciéndolas lisas, perfectamente lisas dirían algunos. En días buenos se tiene la oportunidad de ver las nubes en distintos escenarios a medida que se avanza por al geografía nacional, proyectando grandes sombras sobre los montes, las que les producen un efecto de volumen tanto mayor que el normal.

Me hacía compañía de un libro de cuentos que leía por ratos y del reproductor de música, sin embargo, la mayor parte del tiempo reparé en la diferencia de las formas que la ventana me mostraba gratuitamente. Haciendo un paralelo entre los poblados y las partes de campo sin gente, el principal detalle fue la irregularidad (o la regularidad si se quiere) de la naturaleza y de la construcción humana. Nunca vi en ese trayecto por campos y despoblados formas regulares, geometría perfectas. Desde el contorno cordillerano, pasando por las sombras proyectadas de las nubes, y ellas mismas, hasta el suelo, los cultivos y las hojas de los árboles. Nada era regular en si; ningún árbol alcanzaba la misma altura que el siguiente, ninguna roca era lo suficientemente lisa para ser identificada como redonda, ninguna vaca tenía las mismas manchas ni dos cerros la misma cantidad de árboles.

En contraste, el mundo humano exhibía un sin fin de perfección geométrica. Lineas rectas, ángulos, conos, pentágonos, octaedros, esferas, cúpulas. Muros cuadrados, formas triangulares en techos de las casas, en las ventanas y puertas adornaban la mayoría de los pasajes donde por ratos veía un pueblo.

En ese momento quede imaginando que era imposible para el hombre imitar algo natural. Que todo este mundo de líneas y ángulos predeterminados es el máximo esfuerzo por construir algo, pero que ese algo no llega ni mínimamente a la complejidad de lo que la naturaleza muestra, de lo que podría valorar. No me vi capaz de entender la naturaleza donde básicamente el desorden impera, donde las cosas simplemente crecen y se desmoronan.

Lo bueno sería alguna vez comprender en el desorden, pero sin hacer uso de recursos como la estadística si no que íntimamente, la vida. Al parecer, el desorden es lo fundamental y con ello se inventa el orden. ¿O es que el desorden es orden que no alcanzo a comprender? Después de todo, cualquier cosa que no entiendo es ambiguo, extraño, sin forma, sin inicio ni fin. Al comprenderlo, se puede bautizar, catalogar, enmarcar, escribir sobre ello y crear pautas. Siendo en esa forma, capaz que todo sea orden o que todo sea desorden, quien sabe. Así de ambiguo me convierte el conocimiento, la sabiduría de aprender no es otra cosa que catalogar y separar aquello que entiendo de lo que no, sin llegar a saber alguna vez la verdad.

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