Es increíble lo que le sucedió a Marco. Me resulta difícil pensar que hace solo dos días compartimos una cerveza en el pub, arreglando el mundo luego del trabajo, conversando un poco sobre las divisas, los juegos, de lo buena que es Lorena. Ahora es ella quien está al borde del colapso por no comprender, por no tener algo en que aferrarse, sola con Francisco que va bordeando los 10 años. No le he preguntado nada, siento que no corresponde en estas circunstancias, pero de lejos se puede ver esa comprensible mezcla de rabia y de amargura, después de todo, un suicidio nunca ha sido fácil de sobrellevar.
El mundo es complicado, ¿no te parece Seba?. Puede ser, creo que depende de como veamos las cosas. Si pero, aún en la relatividad de ello, tanto trabajo, tanto ir y llegar cada día, tanto formar una familia, tanto estudiar, yo me pregunto a ratos para qué todo eso; si acaso tiene algún sentido que la gente viva de esa forma. Mejor toma tu cerveza hombre, ¿qué hay del trabajo?, ¿cómo te ha ido?. No me puedo quejar, me dieron un ascenso hace pocos meses y ya estamos por comprar una nueva casa con Lorena. Le abrí una cuenta de ahorro al pancho, para los estudios, no quiero que pase por dificultades en lo que se le viene encima. Salud por ello mi amigo!, Salud!
Ese cuestionamiento de Marco hace dos días atrás es lo único que puedo imaginar lo llevó a tomar una decisión tan drástica. Era de pocos amigos, así que supongo que nadie más se enteró alguna vez de esos pensamientos tan íntimos, que por lo demás yo vi tan por encima. Dudo que alguna vez le halla comentado a Lorena esa situación, esa inquietud que va más allá de todo. Ahora que lo pienso, quizás Marco haya tenido razón, es extraña la vida como la vivimos, no nos detenemos desde que nacemos haciendo actividades que por ratos son tan extenuantes. Desde ir al colegio, pasar a obtener un trabajo, crear una familia, todo parece una cadena que se da consecutivamente en cada persona, y la aceptamos casi sin sorprendernos, casi sin fijarnos. Es como si convenientemente siguiéramos el curso de la vida, sabiendo que no queda otra cosa que hacer. ¿Y si uno se esforzara en salir de ello?, lo más probable es que el mundo se encargue de truncar las alas haciendo ver que tienes que sentar cabeza, "madura hombre". Partiendo por la familia, pero principalmente por los amigos, aquellos que van a la par y que juzgan duramente si uno elige un camino distinto. Si no se comparten los gustos generacionales, las vacaciones, los juguetes de grande, te tachan de fracasado, claro que no lo dicen, entre talla y talla las palabras se deslizan suavemente sin ser completamente lo que quieren decir. A lo mejor Marco quiso salir alguna vez del esquema, pero vaya que un ascenso en el trabajo produce una inmersión más profunda a las obligaciones y el curso de la vida que un sobre azul. Quizás mi amigo se vio acorralado, entre la familia, el deber, las responsabilidades y la competencia.
Al parecer, estoy en un jaque. Yo siempre imagine mi vida perfectamente controlada, dirigida hacia un futuro, un buen futuro. Pero es todo pura farsa, mi vida es como la de todos, haciendo los mismo recorridos, los mismos horarios, las mismas discusiones en casa, los mismos problemas mundanos. Ciertamente no es lo que yo imagine por allá cuando corría animadamente tras la pelota, con los amigos, los mismos que ahora comparten conmigo no la cancha, si no que el estres y los problemas maritales. ¿En qué momento perdí el control de mi vida?, ¿en qué momento vendí mi libertar en pro del futuro, de estar bien con la familia y los amigos? En estos escenarios, hay una sola cosa que puedo controlar.
Ahora pienso que hace dos semanas Marco debe haber estado en la misma posición que dispongo ahora. Un pie sobre la silla, asegurarme que la soga es suficientemente fuerte, que nadie llegará a casa durante el medio día. Siento que la libertad se apodera lentamente de mi, es como si a cada movimiento me aproximara cada vez más a la liberación de este ir y venir rutinario y agobiante. El nudo lo aprendí de un amigo marino, que durante unas vacaciones me dijo que alguna vez me sería útil el ancestral conocimiento de hacer un buen nudo. Vaya utilidad que le veo hoy en día, lo aprendí hace 8 años y no se me olvidó jamás. Creo que el destino mismo puso a ese marinero antes solamente para hacer cumplir mi voluntad ahora. Ya está, dos pies sobre la silla, la soga rondando la manzana. Aún me invade la tranquilidad, contrario a eso que dicen sobre esto, es cierto que un par de gotas nacen desde mi cien y caen libre por la mejilla. Me gustaría poder verme de lejos ahora, un cuadro bastante tétrico se diría, pero nadie imaginaría lo dichoso que me encuentro. Y ya está, un salto hacia adelante.
Sucedió que Ana tuvo una reunión ese día. Siempre ha sido igual, es de las personas que siempre anda pensando en otra cosa, pero generalmente no regresa por lo olvidado. Salir con un zapato cambiado es algo inusual en una mujer, tanto que Ana regresó a eso de las 12:15, abrió la puerta de golpe maldiciendo haber comprando zapatos tan similares cuando la invadió un sentimiento de desesperación. El grito se ahogaba en la impresión y apenas pudo salir para pedir ayuda. La asistencia médica llegó pronto, pero era difícil hacer algo contra 15 minutos de asfixia. Si Ana hubiera llegado un minuto después, quizás ahora estaría compartiendo la libertad de Marco, pero no ocurrió así. No ocurrió como lo planee, no se supone que debía suceder así. Todo era perfecto, tanto que no era necesario dejar ni una carta, nada.
Ahora tengo una vida distinta al resto del mundo, ahora no tengo muchas opciones. Cada día viene Ana a visitarme y está largo tiempo conversando. Sólo la puedo escuchar, no siento mis dedos, mis ojos no responden, mis piernas están inertes así como el 98% de mi cuerpo. Sólo tengo mi conciencia, y el oído. Los médicos no saben que escucho, ellos creen que no es posible pero Ana esta convencida de ello. Y me conversa animadamente, pobrecita. Como resultado de mi intento, terminé por joderle la vida a la persona que más quiero, pero nunca pensé en ello cuando di el salto. No me di el tiempo de ver las cosas buenas, de conversar con la gente y ser sincero. De buscar ayuda, al contrario, pensé que yo podía controlar y decidir mi vida, pero resulté ser demasiado pequeño para ganarle al destino, que se encargó de darme una lección de aquellas. Lo que más lamento es no poder comunicarle al resto de las personas lo equivocado que estaba. Ahora que puedo apreciar las cosas buenas, no las puedo disfrutar, sólo la voz de Ana que es como miel. Creo que si no fuera por eso sería mejor que apagaran las máquinas, nadie la obliga a estar aquí, pero lo hace y nunca supe de un cariño tan sincero antes. Si hasta llegué a imagina alguna vez que me engañaba. Si tan solo me hubiera comunicado, externalizar lo que sentía, mi vida ahora sería otra, sería la que alguna vez soñé. Por lo menos, Ana me regaló este lapso de tiempo para darme cuenta de ello, pobre amigo Marco.
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