domingo, diciembre 12, 2010

caras en el tiempo

Ah, si. Viajar en micro es tremendamente aburrido y cansador. Eso de subirse, que se caen las monedas, que queda libre sólo el primer asiento y luego se sube una viejita. A parase y darle el asiento y vamos pasando hacia atrás, donde normalmente va alguien con un celular de donde emana la gloriosa música del reggeton. Para colmo las mujeres atractivas no abundan en las micros y ni siquiera uno puede distraer la vista como corresponde, mejor dirigir la vista a la ventana, donde afuera ocurren otras cosas que pueden o no ser interesantes dependiendo del día. Lo más de lo más es cuando hay un accidente, y todas las cabezas se orientan en la misma dirección para ver lo que sucede, por un instante es como si aplicaran alguna clase de campo magnético que orienta todas las mentes como si de spines se tratara. 

Pero cuando lo de afuera es medio aburrido, es interesante mirar a la gente en la micro; no falta la guagua que me queda mirando fijamente sin pestañear siquiera. Esa mirada tan profunda y pura que parece que a uno lo venciera el echo de no encontrar una mala intensión. Estos diminutos humanos a uno lo miran simplemente por mirar, sin más, quizás ver los detalles de la cara o algo, pero no por otros motivos que a veces nos mueves a los más grandes. Y es usual ver en la micro a veces hasta 6 generaciones de personas: La guagua con su madre, que si es adolescente puede bordear los 17 años, en el asiento de al lado puede que se asome un universitario abstraído en los decibeles de la indiferencia y moviendo vertiginosamente alguna parte de su cuerpo al ritmo de aquello que en secreto escucha. Digamos que tiene entre 20 y 25. En el asiento de atrás puede ir un pelao, no se que será, pero siempre andan pelados en las micros llenas y que en general uno le asigna de 30 años hacia arriba. Es fácil ver mujeres ejecutivas entre 35 a 45 años, que se van arreglando en la micro, apuradas, o bien simplemente se distraen en ello. Mas en dirección al chofer si ubican, en general, los tercera edad que acaparan los primeros dos asientos.

En toda esta variedad de gente, a veces me he visto rodeado por generaciones de mujeres nada más. La niña, la escolar, la universitaria, la trabajadora, la madre y la abuela. Ahí quede un día pensando, como para no aburrirme del viaje y escaparme un poco del regeeton del flaite de más atrás, que la más abuela alguna vez fue la niña, y cómo ha ido cambiando su mentalidad a medida que va creciendo. Cómo intereses distintos invaden la edad y por qué cambian tanto. A veces da la impresión que uno va sacrificando alegrías por el simple echo de haber sobrevivido una vuelta más al astro rey. ¿por qué la gente no podemos conservar las alegrías de niños en lo sucesivo? ¿O es que la gente se conserva igual siempre, pero un mundo de apariencias va emergiendo con la edad?

Quizás es eso, puede ser que uno nazca totalmente libre, pero luego se van agregando caretas, en una de esas a modo de protección. "No se puede ser igual en todas partes" dicen, "hay que ubicarse". La diferencia con mentir no es tanta si ese fuera el caso, y cada persona viviríamos solo en la mentira por el simple echo de... no se. Sólo nacimos aquí donde las cosas funcionan así y no hay motivo; donde la mentira es generalizada a cada individuo, se transforma en verdad y en la ley. Así sea el caso también  pudiera cuestionar yo qué es eso de la consecuencia, ¿consecuencia con la mentira? y si vale la pena seguir una vida de consecuencia o si mejor uno intenta vivir la real vida, lo que paradójicamente me transformaría en un mentiroso, un inadaptado, un antisocial, un tipo que vive como un niño la vida de adulto, sin responsabilidades ni asiento, sin tergiversar las cosas, que puede mirar a la gente por el simple echo de mirar... eso acá es aceptable en un niño, pero no en un adulto.

Pero si ese fuera el caso, ¿cómo es que pasamos en algún momento de la historia desde ser seres auténticos a ser una maraña de espejos, donde rebota lo que los demás quieren ver? Pensando rápidamente creo que la respuesta más certera es por el poder, por la imposición del respeto a una autoridad o por tratar de alcanzar un mejor nivel social. Para todo eso es imprescindible que haya una diferencia entre las personas, que hayan personas educadas y mal educadas, que hayan pobres y ricos, que haya alguien contra quien compararse de modo que uno salga beneficiado, que por ese ejercicio uno se considere mejor persona o más persona.

 

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