viernes, noviembre 12, 2010

10.- Autocrítica III

Soberbia -> Orgullo -> timidez

Pues no pensaba escribir tan pronto, pero ayer me sucedió algo que llamó mi atención de sobremanera.

Estaba yo en clases de inglés, donde usualmente, mis compañeros todos, hacemos los ejercicios del libro guía. Estaba en un ejercicio de completar la frase con la formula correcta, que correspondía al futuro, presente simple, presente continuo... todas esas cosas de los gringos.

Llegó el momento de revisar y la profesora empezó a chequear las respuestas preguntando al azar a cualquiera. Así comenzamos, primera respuesta, correcta, segunda respuesta, correcta, tercera respuesta, correcta... Y derrepente sentí una sensación que me llevó a pensar "buta que no me toque a mi, o que alguien se equivoque antes". Por un segundo, yo creo que por primera vez en mi vida, me di cuenta de lo que estaba pensando en ese momento y en los dos segundos siguientes repasé lo que había aprendido en esta introspección. Y ahí caí en cuenta que estaba siendo sumamente competitivo en algo muy simple: Un ejercicio de la clase de inglés.

Y mientras la profe revisaba las respuesta me pude ver como en un estado de competencia, donde no quería equivocarme si me preguntaban, donde quería ser mejor o al menos igual que el resto de mis compañeros, donde el orgullo vanidoso estaba tomando el liderato. Además, como todos habían acertado antes, prefería que no me preguntara y empecé a sentir timidez: "por favor que no me pregunte". De verdad que todo el proceso ocurrió tan rápido que en el momento no alcancé a transformarlo a palabras, pero pude razonarlo y entenderlo.

Antes que la revisión del ejercicio terminara, ya me había calmado, ya me daba igual que estuviera mala mi respuesta, si total, "estoy ahí para aprender" - me dije - y "no es una competencia con los compañeros" (que entre paréntesis son muy buena onda). Se me pasó la timidez y justamente me preguntaron, y justamente tenía mala la respuesta, jajaja, pero a esa altura ya había cambiado mi percepción de la situación y me encontraba relajado, distendido y sin vergüenza de decir algo equivocado. En forma habitual, me hubiera irritado y probablemente me hubiera puesto rojo y esas cosas de la vergüenza.

Entonces, al menos dos cosas ocurrieron en algo tan cotidiano. Primero, pude ver que estoy internalizando todas estas cosas que me estoy planteando al punto que realmente comienzo a ver un cambio de actitud. En segundo lugar, he visto que en el afán de querer conseguir respeto por el conocimiento me vuelvo sumamente tímido en situaciones públicas donde claramente puedo equivocarme.

Así, el orgullo y la soberbia, contrario a lo que pudiera pensarse por aquello de la sobrevaloración de la persona, me hacen tímido en determinadas ocasiones. Hoy pude definir cuales son esas ocasiones y el motivo. Y de verdad siento que este acontecimiento me va a servir en muchos aspectos y situaciones.


Fue una buena experiencia, un flash de lucidez.

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