Según lo que escribí antes, la percepción de cada persona es distinta. Esto nos convierte en seres aislados incapaces de comprender realmente los pensamientos de otra persona. El asunto es ¿cómo reconcilio esta propuesta mía con el evidente carácter social de las personas?
Si no somos capaces de ver lo mismo y percibimos todo distinto el uno del otro, ¿cómo es posible que podamos llegar a acuerdos en tantas cosas? ¿cómo es posible la aglomeración de gente y que además podamos convivir con cierto grado de tranquilidad y armonía?
Le he dado vueltas a este asunto y de verdad que es posible. Nuestro mecanismo de aprendizaje lo hace posible, pues el conocimiento es relativo. Por ejemplo, aprender los colores. Analizaré este caso en particular para clarificar el asunto.
Si percibimos de distinta forma, las personas no deberíamos acordar que tal cosa es roja, por ejemplo una taza. Pero al retroceder a la infancia, aprendemos los colores por asociación. Quien sea que nos esté educando (la mamá), nos ha dicho alguna vez "hey, dame la taza roja". Si hay otra taza color azul, nos dirá "¿me puedes prestar la taza azul?" y así vamos identificando colores como adjetivos de las cosas. Pero no es necesario que la taza roja de la madre sea igualmente roja para mi. En el caso extremo, yo podría ver la taza en la tonalidad azul, pero por asociación asigno a dicha tonalidad el nombre de rojo y así estaré de acuerdo eternamente en que todas las cosas que yo veo azules se llaman rojas. Así, puede ser que las personas veamos cada una el mundo en colores totalmente distintos pero estemos completamente de acuerdo en que el cielo es azul, la nieve es blanca y la sangre roja.
Ahora, este mecanismo se repite con todos los adjetivos de las cosas, con todas las cualidades, y podemos estar en acuerdo sobre las cualidades debido a la relatividad de los conceptos. Es posible, aunque suene completamente estúpido, que yo asigne por nombre cuadrado a aquello que veo redondo. Si otra persona lo ve triangular, alguien le enseño que se llama cuadrado. Al final en lo único que acordamos todos es en el nombre de la cualidad, pero no necesariamente en la cualidad en si misma.
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