Me gusta pensar que un país es como una guitarra.
Una guitarra puede ser bien o mal tocada. Si uno quiere que la guitarra simplemente suene, basta con tan solo un dedo. Basta con ello para pulsar una cuerda y que suene una nota, pero eso no basta para hacer música.
Para hacer música se podría pensar en usar la mano derecha completa, pulsando las 6 cuerdas de la guitarra al aire en el orden que uno más le guste. Quizás algo se podría hacer....
Para hacer musica también se podría pensar en usar sólo la mano izquierda, de forma que se puedan presionar distintas notas en el diapasón de la guitarra usando los 4 dedos de la mano. No suena mucho, pero suena...
El asunto es que la única forma de poder interpretar verdaderas obras de arte en una guitarra, sea estas claśicas, rockeras, baladísticas, folclóricas u otro estilo, es usar ambas manos simultáneamente.
El buen artista es quien logra una perfecta sincronía entre los movimientos de los dedos de ambas manos. Todo tiene que trabajar en forma coherente.
Hay obras musicales que demandan más de la mano izquierda y personas que le gusta además lucirse haciendo escalas y más escalas. Otras obras demandan de más arpégios y uno se puede lucir con la derecha. Los sonidos octavados son de los más complicados, pero de los más hermosos; esos requieren de la sincornía perfecta y habilidad de ambas manos.
Pues de este ejemplo musical, que probablemente se pueda extender a todos los instrumentos musicales, es mi tendencia política. Mientras nuestras opiniones estén encerradas tratando de demostrar que izquierda es mejor, o que derecha es mejor, tendremos un país sin música. Un país fome lleno de sonidos estridentes y/o apagados, sin armonía; llenos de protestas, humo tóxico y mal humor. El día en que una de estas dos manos corte a la otra, ya no habrá ninguna posibilidad de hacer algo hermoso. Por ahora existen ambas, pero están contracturadas por rencillas antiguas, dolor, disputas de poder y/o de voluntades.
Para hacer de un país lleno de armonias, melodías y ritmos, yo pienso que cada mano debe saberse indispensable, pero ciertamente inutil la una sin la otra, y trabajar en conjunto día a día hasta lograr en algún momento la sincronía perfecta que demanda la administración de un país.
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