domingo, abril 03, 2011

una vida abstracta

... algunas más, algunas menos. Pienso que todas las personas tenemos capacidad de abstraernos de lo material para vagar en pensamientos intangibles e inverosímiles que eventualmente pueden ser materializados y llevados a piso.

Cuando escucho sobre la vida y la felicidad, cosas de principal relevancia en las personas, me veo a mi mismo vagando de una abstracción tan importante y que no he caído en cuenta que ha sido siempre una abstracción. Nunca he sentido la vida ni la felicidad como cosas tangibles y, aunque es de mi propia responsabilidad hacerlo, tampoco nunca me lo han enseñado. O quizás sí, pero en esas formas tangibles de felicidad que son los modelos de vida y que me parecen sumamente irrelevantes: uno o más autos, un buen trabajo, una casa impecable, buen estatus, buen  colegio para los niños, buen servicio de salud, etc. Estas cosas combinadas de las más ingeniosas maneras resultan en los modelos de vida que yo veo a mi alrededor, pero que en ningún caso corresponde a una materialización de lo que es una buena vida y la felicidad, ambas cosas que para mi siguen siendo abstractas.

¿Y cuál es el problema que la vida y felicidad se limiten a una abstracción? Llevándolo a un ejemplo súper simple, si yo digo que quiero conseguir el "bjesoas" pero no se como es eso, ni donde está, ni quien lo ha visto... ¿acaso hay alguna remota posibilidad de que pueda conseguir para mi ese "bjesoas"? Este ejemplo que raya en lo absurdo, es lo que para mi significa una abstracción no materializada.

Afortunadamente, a diferencia del intrépido "bjesoas", la vida es parte de mi mismo y yo mismo soy parte de la vida. Por tanto está en mi conseguir una materialización de la felicidad y un modelo de vida en cuyo ejercicio voy a poder ir hacia ello y dejar de vagar en abstracciones que no son conducentes. Pienso que cada persona tiene la capacidad de hacer lo mismo, con el grado de simplicidad o de complejidad que le parezca mejor.

El recuerdo infantil que tengo más patente en mi memoria, es un volantín. Aunque nunca fui excelente encumbrándolos, me fascinada verlos en el aire. Me acuerdo que cuando ya estaban tan lejos que apenas se veían como un punto, percibía en ello una tranquilidad y libertad impresionante. El volantín siempre demanda más de dos personas encumbrarlo... generalmente uno Mayor y uno menor. El Mayor, que ya tiene la experiencia le enseña al pequeño como hacerlo para elevar el artefacto, lo que para mi es similar a cuando los padres le enseñan a uno a empezar a vivir. El volantín se mantiene siempre unido a tierra, por medio de un hilo que inicialmente es muy tenso y comienza su ascensión hacia el espacio arriba. Naturalmente, por la turbulencia de los vientos cercanos a la tierra, y la inexperiencia del pequeño, cae a tierra y generalmente está en buen estado como para volverlo a elevar. Al menos, casi siempre es posible repararlo después de una caída a temprana distancia de la tierra. Casi siempre el Mayor está presente para refaccionar el volantín y aconsejar al pequeño sobre una mejor forma de elevarlo o buscar un lugar más adecuado.

Ya con más experiencia, el chico puede elevar el volantín a mejor altura, con el desafío y la aventura de luchar contra los vientos más fuertes que muchas veces hacen girar el volantín, volar a tierra, sacarlo a flote antes que toque piso... y si sobrevive el volantín se encumbra aún más allá, tanto más allá como el hilo lo permita....

... tanto más allá que se llega a ese estado apacible donde nisiquiera es necesario luchar, porque da la impresión que el volantín vuela por su propia cuenta a una altura donde los vientos lo acarician y lo llevan por tantas partes, pero con tanta suavidad, que el que está en tierra mirando su volantín apacible puede perfectamente echarse en el pasto tan solo sujetando mínimamente el hilo.

Si yo me siento en el volantín así encumbrado y miro hacia tierra, probablemente no vea a quien está en tierra, o bien lo veo como un punto diminuto. Si el hilo se llega a cortar en esa condición, el volantín volará lejos, quizás hacia donde, guiado por los vientos superiores, pero ya está lejos de quedar atrapado en la enredaderas de cables, árboles y edificios por donde pasa el hilo y que se presentan en el mundo del bienestar, de los autos lujosos, de la iluminación y de todas esas cosas tangibles que para mi no son una felicidad tangible, sino simplemente los que son: autos, casas, tecnología, buenos colegios, etc.

Ese es mi intento de hace tangible la vida y la felicidad, volar en un estado sublime pero a la vez conectado al mundo por medio del hilo. Enganchado a las cosas humanas pero en forma casi imperceptible, sin esfuerzo en ello. No se puede renunciar al hilo y la tierra, pues si estoy vivo es por lo mismo. El día que el hilo se corte y llegue la muerte, no se que pasará de mi, pero al menos no quedaré sumergido entre los árboles y cables de los problemas inventados por el sistema humano y seré arrastrado por el viento hacia lugares desconocidos, quién sabe adonde. Encumbrar mi vida hacia tal espacio no depende solo de mi, sino de quien me guíe en mi infancia, en cierta forma de los valores entregados y de la capacidad de levantarse y seguir en pie cuando las cosas no resultan. De refaccionar la vida y seguir encumbrándola porfiadamente, hasta que logre el estado perfecto en que pueda contemplar mi vida como un volantín a lo lejos que se encuentra en un estado permanente de felicidad y donde yo mismo estoy sentado en ese volantín, contemplando la belleza de las cosas, sintiendo el placer del viento y ojalá rodeado de otros volantines a mi alrededor con quien poder compartir toda esa dicha.